martes, 31 de julio de 2012

30 de julio en Vancouver - 31 de julio en Madrid

Estoy en el aeropuerto esperando el vuelo que me lleve de vuelta a Madrid, eso si pasando por Londres (escala). Son las 19:30 en Canada y las 4:21 en Madrid, por lo que a estas horas estamos en días diferentes. 
Desde mi llegada han pasado casi 10 días. Me ha dado tiempo a dar alguna vuelta por Vancouver, visitar sus impresionantes montañas del Whistler e incluso tener un día de piscina-playa con baño en el océano. Y por supuesto asistir a 4 intensos días de conferencias en el 7º Congreso Mundial de Dermatología. Comenzaré comentando los aspectos más sociales y lúdicos de mi semana en Vancouver y en el siguiente os explico como ha sido el Congreso.
Vancouver es una ciudad muy diferente a lo que estamos acostumbrados en Europa, es grande y llena de edificios grandes y rascacielos y las calles son anchas avenidas. Es pintoresca por estar rodeada casi completamente por el oceáno, ya que éste hace entradas por todas partes, realmente es una especie de península.

He estado alojada en el mismo hotel donde se celebraba el Congreso con vistas impresionantes a una bahía, sin playa. 
Cuando el domingo me dispuse a pasear por Vancouver era un día nublado, gris y lluvioso y me decepcionó un poco, probablemente por el día y porque no elegí las calles más adecuadas para pasear.  Sin embargo al final de la semana, la ciudad me ha gustado y cuando sale el sol la ciudad luce 100 veces más bonita. 

El lunes paseé por el lado opuesto de la ciudad, una especie de isla con ambiente marítimo de las películas: madera y colores blancos y azules en las pequeñas tiendas y un colorido mercado lleno de frutas, verduras, flores y todo tipo de comida. Lástima que no saqué una sola foto! Comimos en un bonito restaurante mirando al pequeño puerto recreativo y luego una larga caminata bajo la lluvia. 
Decidimos ir al día siguiente al Whistler, unas impresionantes montañas, donde se celebraron los últimos juegos olímpicos de invierno a dos horas de viaje en autobús. 

El miércoles comenzó el Congreso y hasta el sábado me dediqué a asistir a una charla detrás de otra, ese era el objetivo. Ayer Domingo hizo un día maravilloso de sol, probablemente el mejor de toda la semana y fuimos a pasear a un gran parque en el otro extremo de la ciudad. Nadamos km en una piscina con vistas al océano, comimos en un precioso restaurante con vistas al parque, volvimos a nadar en el océano y y disfrutamos del sol y de la paz que da no tener que hacer nada. Caminamos km y hoy ha sido la noche que mejor he dormido, tal vez ya estaba recuperándome del jetlag cuando mañana me va a tocar de nuevo padecerlo en España.